Traducido al español por mi amigo José Manuel García González

Rory Gallagher provoca una gran sorpresa en Pickin’ The Pops, el show musical del sabado noche en la Telefís Eireann, al dejar de tocar una canción fijada de antemano, Valley of Tears. En su lugar, interpreta un clásico del R&B de Larry Williams, Slow Down. Un jurado de invitados para predecir éxitos y fracasos de nuevas bandas, se queda estupefacto ante el espectáculo de un roquero de pelo largo rompiendo las reglas. Al público del estudio le gusta. “Rory causó una gran impresión,” recuerda el Disc Jockey Larry Gogan quien sucedió a Bay Byrne como presentador de un programa de media hora en el 65. “Sorprendió a todo el mundo al hacer algo completamente diferente. Tenía un estilo único. Fue una de las personas que cambió la escena de las bandas”.

Gallagher y la Impact Band acababan de hacer un disco de demostración de Slow Down en Londres cuando se les dió un valioso anuncio de Televisión. No era el típico material de una banda – pero tampoco lo era Rory. “The Impact ensayó el tema de Buddy Holly antes de ir a Pickin’ the Pops,” recuerda su hermano, Donal. “El programa tenía un jurado. Los invitados escuchaban los últimos lanzamientos, el jurado daba su veredicto, y las bandas invitadas salían a escena. The Impact apareció en la misma noche que una banda de Dublín, “The young shadows” un tipo de versión irlandesa de los Shadows. Cuando Rory cambió a Slow Down en el último minuto, hubo un poco de consternación, pero no había nada que nadie pudiera hacer al respecto. Ellos dijeron, “no podeis hacer esa clase de cosas.” Pero fue grande para los televidentes que se morían por ver algo de rock en televisión. En vez de escuchar la escoria habitual, Rory levantó a la gente de sus asientos y bailar rock”.

Gallagher tenía la costumbre de hacerlo a su manera, sin reparar en convencionalismos, en una época en que el rock se desaprobaba. Mientras que hacía su aprendizaje en los salones de baile, rechazaba el estar gobernado por las reglas de una banda. Pickin’ The Pops fué uno de los muchos actos de desafío. Como un acto de liberación para las bandas punteras, él con regularidad provocaba la ira de los mánagers y promotores al exaltar los ánimos de la multitud de tal manera que dejaban de bailar para verle. Las bandas de teloneros como “The Fontana” – más tarde rebautizada como “The Impact” – se arriesgaban a perder su trabajo al intentar eclipsar a los cabezas de cartel tales como “The Royal”, “Capitol” o “The Dixies”. ” Con frecuencia se nos advertía, “o dejais de tocar esas canciones, o si no, no hay más actuaciones” dice Declan O’Keefe, guitarra rítmica de la banda. “Rory no estaba de acuerdo con eso, y tampoco nosotros: “No se suponía que apretáseis las tuercas en la última fase de vuestra aparición en escena. No lo compliquéis. No toquéis nada de los diez primeros de las listas, u os quitaremos el sonido”. Pero no nos refrenamos por cualquiera de las bandas punteras. Nuestra actitud era: si eran mejores que nosotros, adelante. Si no lo eran: entonces ¡mala suerte!”.

Algunas bandas punteras nunca querían que las actuaciones de los teloneros sonasen demasiado bien, y descubrieron el modo de mantenerlas en su sitio. A las bandas “teloneras” se les permitía usar el equipo de los cabezas de cartel, ya que la logística de tener dos a la vez en escena no era nada práctico. Un aparato importante era una cámara de eco Binson que mejoraba el sonido. Estaba fuera del alcance económico de las bandas más pequeñas. Una broma común gastada por algunas bandas importantes era la de alterar los ajustes de modo que “el telonero” no lograse alcanzar el mismo y poderoso sonido. “Habrían transformado el eco en diferentes sonidos extraños y te habrías pasado la noche intentando encontrar el nivel y balance correctos”, dice O’Keeffe. “Eso confundía a muchas de las bandas teloneras. Pero teniamos una propia y sabiamos como usarla apropiadamente. De esta manera, cuando saliamos al escenario para usar las suyas, simplemente cambiabamos los ajustes directamente. Eso es por lo que nunca nos pudieron pillar”.

La cultura popular irlandesa de mediados de los 60 desconfiaba del rock: era una forma musical que evocaba imágenes de sexo y drogas. En este clima, Gogan disgustó a los poderes establecidos en la Radio Televisión del Eire al programar a Gallagher en su patrocinado programa de radio. “Fui uno de los pocos disc jockeys que siguió su carrera. Era arriesgado porque no les gustaba que programara cosas que fuesen “demasiado ruidosas”. Solían decir: “muchas de las cosas que estás programando son muy duras”.”

Los valores musicales de Gallagher fueron probados contra corriente. Su devoción al blues nunca flaqueó. De modo desafiante, lo hizo a su manera. “Habría sido muy facil aceptar el concierto de 50 libras a la semana con la banda y disfrutar de una vida fácil. Pero no se me pasó por la cabeza,” dice. Destacó de entre las altas esferas de bandas de música a causa de su oscuro y suelto cabello, incluso antes de que tocase una única nota. Cuando Gallagher apareció en Pickin’ The Pops, fué la primera vez que alguien había visto a un músico de una banda con pelo largo. Fuera del escenario, se exponía a la crítica pública, especialmente en Cork. La gente incluso perdía sus estribos en la calle. “Rory tuvo que aguantar mucho”, recuerda Donal, quien ha permanecido al lado de su hermano a través de toda su carrera. “Eso solía enfurecerme porque cuando es necesario, tu hermano es tu hermano, y yo solía respetarle. Rory era un pacifista y nunca permitía que nadie le perturbase. Mucha gente quería provocar una reacción y no obtendrían ninguna, y eso les enfadaba aún más. Mi genio compensaba el de ambos”.

Nadie sabe con exactitud cuando Rory Gallagher mostró por primera vez amor por la música. El primer recuerdo de Donal es el de su hermano, a la edad de cuatro o seis años, haciendo un pequeño banjo de juguete con la ayuda de una caja redonda de queso, una regla y algunas gomas elásticas. Rory nació en Ballyshannon, Condado de Donegal, el 2 de Marzo de 1948. Los Gallagher se mudaron a Cork, donde los chicos pasaron sus años de colegio. La casa de la familia estaba en la Calle MacCurtain. Jugar para los chicos y sus amigos significaba simular que eran músicos. Rory era el cabecilla. “El quería que estuviésemos en un grupo de música en vez de en una banda callejera”, dice Donal. “El nos dió a todos diferentes deberes que cumplir e instrumentos que tocar. Se suponía que eran pequeñas bandas las cuales eran populares en ese momento. Hicimos un bajo doble con una caja grande de madera, el mango de una escoba y una cuerda. Le recuerdo hablándome sobre Chuck Berry y Woody Guthrie cuando sólo tenía ocho años porque los había escuchado a todos en la música de Lonnie Donegan”.

Rory descubrió a Leadbelly y Guthrie a través de Donegan. La radio era su cordón umbilical con la música de los 50. Más tarde, escuchó grabaciones de blues para la radio de Leadbelly y Big Bill Broonzy en la Emisora de las Fuerzas Americanas y la BBC. A excepción los programas de jazz de la BBC y la EFA quienes programaban los temas raros de Muddy Waters, Donegan era la única fuente en la que escuchar tal material. Otras influencias fueron Berry, Eddie Cochran, y Jimmy Reed. El joven Gallagher escuchaba Radio Luxemburgo por la noche, y sintonizaba jazz y blues en la Emisora de las Fuerzas Americanas.

A los nueve años, Rory tuvo sus primera guitarra acústica, y nunca la dejó. Aprendió a tocar por su cuenta, usando libros de autoaprendizaje. Practicaba temas del folk, skiffle y de los primeros del rock’n’roll. La inspiración le venía del blues, su primera afición. Veía fotografías en el “Melody Maker” de La Banda de Chris Barber de gira con Waters y Big Bill Broonzy. Estaba fascinado por el blues, y podía tocar casi tan bien música tradicional irlandesa como jigas o bailes. Según sus propias palabras, tenía un “buen oído” para el blues. Esa fuerza motivadora permaneció constante durante su carrera.

A los diez años de edad comenzó a presentarse a concursos de talentos y a tocar en espectáculos de variedades, conciertos benéficos, fiestas de colegios y actos sociales. A los doce, su fotografía se publicó en la prensa. Ganó un concurso de talentos en el Palacio Municipal de Cork, y la foto fué la portada del Evening Echo (todavía llevaba pantalones cortos). Rory tocó en muchos espectáculos por Cork: era el único vehículo para poder tocar en escena ante un público y ganar en experiencia. Adquirió su primera guitarra eléctrica a los doce, e intentó emular a los grandes músicos americanos que había escuchado en la radio. Tenía un don natural y mucha habilidad. Los espectáculos de aficionados impusieron que tocase “cosas anodinas”, pero no siempre lo cumplía.

Una vez tomó parte en un espectáculo de variedades estudiantil de una semana de duración en el colegio North Monastery CBS. Durante las primeras noches, tocó The Four Legged Friend, una tranquila melodia vaquera. Una noche el espectáculo fue interrumpido cuando se estropeó el magnetófono. Los Hermanos pidieron a Rory que volviese a salir y mantuviese a la gente entretenida mientras lo reparaban. Rory dijo: “Me he quedado sin material”. El Hermano encargado respondió: “Toca lo que quieras”. Y la emprendió con rock’n’roll. Los Hermanos “se volvieron absolutamente locos”, recuerda Donal. “Así era de severo. Rory fué eliminado del espectáculo desde ese momento. Los Hermanos en el fondo le habían pedido que salvase el espectáculo, lo cual hizo. A ellos les parecía que había tocado la música del diablo”.

A los trece, Gallagher formó su primera banda. Tocaban un par de días en el Club Náutico de Cork en Blackrock. “Mucho de ello implicaba sólo reunir a pequeños grupos para ensayar, más que para tocar en actuaciones serias”, dice. “Reunir un grupo en aquellos años era casi imposible”. Gallagher sabía lo que quería, pero las salidas eran muy limitadas. No estaba yendo a ningún lado. La cultura pop de principios de los 60 estaba dominada por los conjuntos para espectáculos: si querías ser un músico, te unías a ellos. Gallagher respondió a un anuncio en el Cork Examiner: “Se necesita guitarrísta para conjunto musical”. Y fué contratado por The Fontana. “Yo no era un fan de los conjuntos musicales, pero a los catorce o quince no haces objeciones de poca monta. Estaba entre lo uno y lo otro, y decidi responder. Por suerte, tenían una razonable cantidad de trabajo por los alrededores de Cork, Kerry y Limerick. Pense que sería mejor tocar un par de noches por semana que no llegar a ninguna parte con grupos de mentiras. La idea de subirse a una furgoneta, hacer actuaciones en otros condados y tocar a través de un amplificador me atrajo”.
A los quince, Rory compró la Fender Stratocaster que todavía toca. “Es un modelo de 1961”, explica. “La conseguí de segunda mano. Fueron 100 libras, una autentica fortuna en aquella época. Entonces estaba en buenas condiciones, pero ahora está tan maltratada que parece “tatuada”. Me gusta sencillamente su sonido. También es un amuleto de buena suerte. Una vez me la robaron y volvió a mi. Es una clase de encantamiento”. En el 64, a la edad de 16, se echó a la carretera con The Fontana. Mientras estudiaba para su Certificado de Estudios en St. Kieran’s College, Camden Place, en Cork, la banda tocaba en el circuito de salones de baile un promedio de cuatro noches por semana. Gallagher ahora tenía frecuentes actuaciones y le pagaban por hacer algo que le gustaba. No siempre era fácil sacar tiempo para los deberes de clase. “Podía arreglármelas porque a esa edad puedes vivir sin dormir. Aunque llegase a casa pronto por la mañana después de un viaje en una lenta camioneta. Lo conseguí. Milagrosamente, llegué hasta el Certificado de Estudios. Hice la versión de un año en St. Kieran’s. Aprobé por los pelos”.
The Fontana tuvo sus orígenes en el Oeste de Cork: el líder Bernie Tobin y su hermano, Oliver, otro miembro, eran de Drinagh. La formación era: Gallagher, guitarra solista, John Lehane, saxofón; Eamon O’Sullivan, batería, Declan O’Keeffe guitarra rítmica; Oliver Tobin, bajo; Bernard Tobin Trombón, y más tarde saxofonista. Bernie Tobin era la fuerza tras The Fontana y trabajaba duro para mantener el espectáculo de gira. La banda o tocaba o ensayaba cada noche. Había trabajo con frecuencia en The Arcadia en Cork. Allí tocaban “teloneando” a las bandas famosas y grupos británicos invitados tales como The Animals y The Searchers. Dice O’Keeffe: “recorrimos mucha carretera. Con frecuencia salíamos de Cork a la una, conduciamos hasta Westport, tocábanos de diez a dos y regresábamos. Recuerdo llegar a Cork a las siete de la mañana. Y todavía llegaba a trabajar en la Joyería Egans a las ocho. Era una locura”.

The Fontana (posteriormente Impact) se labraron una salvaje reputación e hicieron que algunas bandas más importantes parecieran domadas. “Nos volvíamos locos en el escenario”, recuerda O’Keefe, “eramos una banda totalmente loca. Podíamos estar sobre las espaldas de los otros guitarrístas que estaban tocando, dando vueltas. La mayoría de las bandas de esa época tenían los movimientos del estilo de los de The Shadows. Pero nosotros nos volvíamos majaras, agitándonos y saltando por ahí. Bernie solía colgarse por los tacones de sus botas de una barandilla que estaba encima del viejo escenario del Arcadia. Uno de los tacones se desprendió una vez y el se cayó rodando. Supongo que eramos más que una simple orquesta. Estabamos locos – pero no nos atrevimos a más que a meter las guitarras por los bafles como The Who. La mayoría de las bandas estaban sometidas a unos reglamentos, pero nosotros flipábamos en el escenario. Rory estaba tan loco como el resto de nosotros”.

Gallagher está de acuerdo con que todo fué my divertido, pero el entusiasmo juvenil no satisfacía su deseo de lograr mucho más, musicalmente. Era un purista que quería tocar la clase de música que le llegaba al alma. Los resultados de las taquillas no eran su criterio sobre el éxito; no creía en los golpes pubicitarios de las bandas para acaparar titulares y nunca fue dominado sólo por los alores comerciales.

Al principio, tuvo que tocar según las reglas, no obstante de manera reacia. “No me gustaba hacer las típicas copias de canciones pop y country & western”, dice, “tenía interés en que la banda tuviese como objetivo tocar verdaderamente más rythm & blues. Esa era mi preocupación. Pero cuando tienes que tocar tres, cuatro o cinco horas en un baile, no puedes ser de tan nobles pensamientos. Simplemente sigues con ello. En las primeras etapas, era la mezcla normal de banda de espectáculos: te aprendías los éxitos de aquellos dias, y después añadías algunas canciones populares de diferentes estilos. Después de un tiempo, se me permitió tocar un par de temas de rock & roll de Chuck Berry, Fats Domino o Eddie Cochran, pero no se te permitiría tocar rock ‘n roll toda la noche. Tenías que tocar lo que fuese más popular en las listas, incluso versiones de Jim Reeves. Mis influencias principales eran todos los rockeros norteamericanos además de, en esa etapa, los Beatles y cosas como los Paul Jones y valses. Tenías que tocar todo lo que quisiera la gente, o lo que quisiera el líder de la banda. No creo que fuésemos la banda más banal que había por allí. Era divertido estar en una banda de espectáculos, aunque también era frustrante. Podías conseguir que un gran saxofonista de jazz tuviese que tocar el Twist de Chubby Checker, conseguías a un batería que realmente querría estar tocando en una banda de musica y danzas tradicionales escocesas o irlandesas o encontrar a alguien como yo que simplemente quería interpretar a Chuck Berry y R&B. Pero en cierto modo lo haces para divertirte. Algunas de las bandas tenían una actitud bastante seria. Empleaban mucho tiempo en conseguir buenos uniformes y esperando consagrarse en Las Vegas. Yo tenía un uniforme, Dios me libre. Realmente llevé puesta la chaqueta del gusto del grupo poco tiempo. Tenía doble botonadura, del tipo de la chaqueta de los Beatles. Pero supe desde el primer día que simplemente estaba de paso.

A diferencia de la mayoría de los músicos del circuito, Gallagher no admiraba a los que más ganaban. Según sus propias palabras, no se “sentaría en el balcón y sentir pavor reverencial por las grandes bandas de espectáculos.”El piensa que The Freshmen eran los mejores, y habla muy bien de Arty McGlynn, el guitarra solista de The Platters quien, años más tarde, trabajó con Van Morrison. The Fontana se unieron al éxodo de las bandas de espectáculos a Gran Bretaña durante la Cuaresma. Para Gallagher, era una interrupción a las limitaciones de las salas de baile y le exponía a nuevas influencias.

En 1964, Gallagher vió como The Beatles habían establecido la idea de las bandas de rock como unidades independientes, autodefinidas que interpretan sus propias canciones. Fue influido por el fenómeno, y comenzó a presionar para conseguir un cambio de imagen para The Fontana. Fue a ver a Los Rolling Stones a Londres, a quienes ya había visto en acción en Cork un año antes. En aquel entonces, Brian Jones vino a la ciudad natal de Gallagher junto con los otros Stones. Recuerda vivamente la destreza de Jones como guitarrista. “Fue la primera vez que ví a alguien tocar la guitarra con cuello de botella. Un músico muy infravalorado”.

Gallagher escuchó a grupos nuevos en el Club Marquee, Londres, en sus noches libres durante las giras Británicas en el 64. Desde el punto de vista musical, Londres se estaba moviendo a una velocidad más rápida. Fue un shock cultural para los Fontana: ellos tropezaban con la policía cuando sus destelleantes luces de orquesta se abrieron un inesperado camino despejado a través de la ajetreada Oxford Street. Muchas bandas tenían su nombre iluminado con focos sobre el techo de furgonetas. En Londres, la policia advirtió a Los Fontana de que sólo los vehículos de emergencia podían exhibir luces de sirenas.

El periodo del 64 y 65 marca un punto de inflexión para Gallagher y Los Fontana: la banda cambió su nombre por el más alegre de Impact y consiguieron una estancia de verano de seis semanas en una base aerea estadounidense en las afueras de Madrid, mientras que Gallagher debutó en los clubes de Hamburgo. La presión para un cambio de nombre vino de Gallagher quien quería alejarse del género de orquesta hacia un estilo de grupo de R&B. Encontró resistencia. “Yo quería apartarme de la etiqueta de orquesta, pero algunos miembros estaban bastante contentos de permanecer en la escena de las orquestas”, dice. “Todavía teníamos que salir y ganarnos la vida y tocar en actuaciones. En vez de los trajes habituales de orquesta, con pequeñas pajaritas y cosas así, nos vestíamos con jerseys negros de cuello vuelto y chaquetas de estilo Beatle. Eso no parece muy innovador según los estandares actuales, pero en ese tiempo era poco común. Más y más, empezamos a tocar un par de canciones originales, mucho de Cuck Berry o cualquier cosa que pillásemos. Obviamente, teníamos que tocar dos éxitos de entonces para pasar. Tocabas todo lo que se te pedía en un baile. The Impact sería clasificado como un grupo “beat”, pero para algunos eramos una orquesta…eso es lo que no digería muy bien”.
El cambio de nombre coincidió con una pequeña remodelación en las filas del grupo: el hermano de John Lehane, Michael se les unió al órgano durante un tiempo, y también entró Johnny Campbell a la batería. Philip Prendergast – cuyo hermano, Peter, llevaba el Arcadia en Cork – asumió el cargo de mánager. Era un período de transición, y Gallagher se acercaba rápidamente a una encrucijada. “The Impact no tenía un total interés por el estílo de los Beatles, pero tocábamos temas de los Beatles,” dice Declan O`Keeffe. “Nosotros eramos un puente entre la autentica vieja orquesta y los grupos beat recién llegados. Tocamos muchas de las cosas de Rory, pero entonces, si estabas fuera, en el campo, tenías que tocar algunos valses antigüos. Tendíamos más a la parte de estilo beat que a la orquestal. Sin embargo, allá, en aquel tiempo, tenías que tocar cosas de orquestas”.

Para Gallagher, el viaje a España fué un bienvenido descanso respecto de las limitaciones de los salones de baile. Los hombres de la fuerza aérea estadounidense querían escuchar R&B y R&R. “Equivalía a vivir en los Estados Unidos”, recuerda, “nos dió algo de libertad”. La espontánea forma de tocar rock de Gallagher dejó atónito a un policía militar llamado Nero quien a menudo se unía a la banda sobre el escenario para cantar su propio numerito, “Great Balls of Fire”. Gallagher tenía más en común con los norteamericanos que comprendían su amor por el “Blues” que con los bailarines de salón que sólo querían que les entretuviesen.

De vuelta a casa, Gallagher se fue desilusionando de manera gradual con el circuito y pensó en montar su propio grupo. Su talento era obvio para el resto de la banda. “Rory tuvo algo especial desde el primer día”, dice O’Keeffe. “Como guitarrista, estaba a años luz de cualquiera. Tu podías sentirlo salir de él. Una vez fuimos a ver a los Byrds a Inglaterra, y usaron una guitarra de doce cuerdas para conseguir la introducción de “Mister Tambourine Man”. Rory encontró el mismo efecto con su Stratocaster al puntear dos cuerdas a la vez. Encontraba las armonías él mismo. Yo era básicamente un guitarrista de trucos sobre tres acordes, pero sus formaciones de acordes estaban muy por delante. Era todo su propio trabajo. Apenas puedo recordarle tomando lecciones. Estudió muchos libros, e ideó muchos acordes”.

Cuando Prendergast preparó un lanzamiento de prensa para The Impact, preguntó a cada miembro que dijese cual era su compositor favorito. O’Keeffe nombró a Gallagher quién había escrito varias composiciones para el grupo. “No puedo recordar todos los títulos”, dice Gallagher. “Escribí “You Fooled Me All The Time” (Tu me engañaste siempre), y “I Want You To Be Happy” (Quiero que seas feliz). Sólo había escrito una media docena. De todas formas era el comienzo. Eran poco menos que derivadas de las de los grupos Beat de la época”.

A finales del 65, The Impact regresaron a Londres buscando trabajo. Las grietas se ampliaron mientras se preparaban para una periodo en los clubes de Hamburgo, Alemania. Gallagher al final siguió su propio camino y el grupo se separó. Gallagher decidió cumplir con el compromiso de tres semanas en Hamburgo, e hizo las maletas junto con el batería Johnny Campbell y el bajista Oliver Tobin. La mayoría de los clubes pedían un cuarteto beat, por lo que Gallagher cogió a un amigo para que posase con un órgano en una fotografía publicitaria. Un trio sólo sería considerado como una sección de viento. Al llegar a Hamburgo, Gallagher informó al dueño del club que el organista se había puesto muy enfermo de apendicitis en la travesía del ferry.
Los sórdidos garitos de Hamburgo abrieron sus ojos a un mundo que distaba mucho del de las orquestas. Corría un riesgo, y lo sabía. Recuerda las veces que no quedaba nadie en el club a las 3:30 de la madrugada.

El trio tocaba seis sesiones por noche con descansos de quince minutos cada hora. Era experiencia conseguida con mucho esfuerzo, pero prepararon el terreno para actuaciones con Taste más tarde. También marcó su liberación de rock and roll. “Toda la atmósfera era aún muy Beatleliana. Lo bonito de ello era que, a parte de tocar sesiones de cuarenta y cinco minutos por noche, podías tocar tanto a Chuck Berry como quisieras, y hacer tantas improvisaciones como deseases. Todavía tenías que tocar un par de éxitos pop de vez en cuando para tener contentos a los que bailaban y evitar así las botellas de cerveza. Nunca imágine que mi vida fuese tocar seis noches por semana cuando pertenecía a la escena irlandesa de orquestas. En el fondo ya había tenido bastante. Sólo quería entrar en un grupo serio. La banda sólo tuvo un éxito limitado. La razón principal de mi abandono fue que sentí que había transigido bastante. Ya era hora de tomarse en serio todo el asunto. No era mi meta en la vida romper las orquestas. Yo quería tocar mi propio estilo de música. Con probabilidad ayudé a romper la clase de actitud de algunos de los dueños de salas de baile sobre permitir a grupos “Beat” que tocasen en ellas. Yo podía vivir con orquestas que hiciesen sus cosas y tocasen para sus audiencias. Pero no quería que llevasen la batuta por completo, lo cual hicieron durante bastante tiempo. Existía un gran acuerdo: había una fuerte dirección de las salas de baile por entonces”.

Mientras tanto, el resto de la banda se reagrupó, volvieron al concepto original de orquesta e incluso resucitaron su antiguo nombre, Fontana. En el momento de la ruptura, algunos miembros tenían ganas de volver a ser una orquesta, más que intentar ser un grupo beat. The Fontana volvieron al circuito y continuaron dando giras por Gran Bretaña. Grabaron un álbum de canciones irlandesas, que tuvo buenas ventas. Una combinación de poco dinero, conciertos inciertos y una falta de aceptación de un trio de rock and roll puso fín al propio experimento de Gallagher.
Gallagher puede haberse adelantado a su época, pero el no se daba por vencido con facilidad. En 1966, volvió a en Cork, donde había una escena beat más activa. Entre los clubes más de moda estaba el 007 en Drawbridge Street, antigüamente conocido como The Cavern, un club del ejército en MacCurtain Street y otro club en el distrito de St. Luke. Gallagher decidió experimentar otra vez con un trio, juntandose con Eric Kitteringham (bajo) y Norman Damery (batería) durante los últimos días de The Axills, un grupo beat local. Tocó con ellos en algunas de las actuaciones que les quedaban, supliendo a uno de los guitarristas. “Naturalmente, cuando el batería, el bajista y yo mismo formamos un grupo nuevo, la gente pensaba que yo había estado también con los Axills. Pero esa fue sólo una pequeña confusión. El fín de las últimas actuaciones de The Axills supuso el final del grupo. Nos llevábamos bien, decidimos formar un nuevo grupo y llamarlo Taste”.

Esto expresaba la visión de Gallagher: el bajo, la batería y las letras giraban en torno a su guitarra. Gallagher tocaba el blues y conservaba intacta su integridad musical, a pesar de las pobres ganancias. El grupo cobraba 30 libras esterlinas por noche, una fracción de lo que podía hacerse en las orquestas. Gallagher estaba obstinadamente contento haciéndolo a su manera siempre que ganase lo suficiente para mantener la furgoneta en la carretera. A diferencia de otros músicos, no estuvo tentado de retirarse al santuario de una orquesta. “Taste” tocaba su propio material. “Hicimos un gran intento de no tocar muchas versiones. Comenzamos interpretando material original así como bastante de Chuck Berry, rock´n´roll y blues. No haciamos cualquier cosa que fuese pop como tal o material de orquesta”.

“Taste” marchó a Alemania a principios del 67 donde tuvieron una programación agotadora de siete horas por noche en Hamburgo. En casa, “Taste” tocaba en salones de baile, pero había una fuerte oposición por parte de las orquestas en el año 67: los promotores se encontraban con tres músicos y pensaban que se les estaba defraudando cuando se les decía que no había nadie más en la banda. La Federación de Músicos Irlandeses dictó reglas sobre el número mínimo obligatorio de músicos – normalmente siete u ocho – e incluso enviaban representantes a los salones para contar el número. Las bandas más pequeñas y los grupos encontraron un modo de burlar las reglas pidiendo a amigos que fingiesen estar a los teclados o al trombón. A Donal Gallagher le solían llamar en ocasiones para tal cometido. “Durante quince o veinte minutos, te quedabas allí de pie pasando vergüenza fingiendo tocar un instrumento cuando venía el tío de la Federación”, dice; “era fácil que no te pillaran al estar a los teclados”.

La Federación tomó partido en contra de “Taste” obtuvo su primer contrato en el Arcadia de Cork e intentaron impedir que el baile siguiese adelante. El conflicto dividió a la opinión local. Componentes de orquestas que se sentían amenazados estaban en contra de permitir tocar a un trio. No obstante, se les opusieron músicos más jóvenes de los grupos beat. Las orquestas estaban bajo presión en el 67: muchos grupos semiprofesionales encontraro dificil el sobrevivir con tantos músicos en sus formaciones. La disputa tenía otras implicaciones: El Arcadia había contratado a “Taste” y no iban a ser intimidados por la Federación. Al final, se convocó una reunión extraordinaria en el Hotel Metropole una mañana de Domingo. Surgió una oferta de compromiso: si Taste accedían a hacer una audición para la Federación, entonces ellos considerarían el dar su bendición al “concierto”. Rory respondió: “he estado en una orquesta lo suficiente y me he probado a mi mismo. No voy a hacer una audición para nadie”. La unión dió marcha atrás y la actuación siguió adelante. Fué una victoria significativa.

Gallagher llevó su música a los salones por todo el país y se labró una gran cantera de seguidores en Cork y Dublín a lo largo del 67. “En esa etapa algunos dueños de salones de baile aceptaban la curiosa “noche beat”, por así decirlo, o nos tenían como “relevo” de una orquesta”, recuerda. “Las pequeñas salas de baile corrían el riesgo, pero los dueños de salones mayores estaban indecisos por cualquier cosa que no fuese una orquesta. Preferían bailes de gente mayor. Estaban un poco asustados de la idea de un grupo “beat”, los fans y la imagen”.

Los promotores pudieron no haber visto el talento de Gallagher, pero consumados músicos de giras, que compartieron actuaciones en salas de baile con “Taste” en Cork, reconocieron su don musical. La “Dave Glover Showband” de Belfast se quedaron impresionados cuando “Taste” actuaron de teloneros suyos en el Arcadia. El bajista George Jones, que con anterioridad había tocado con Van Morrison en la “Monarchs Showband”, aconsejó a Gallagher que dirigiese su carrera al Norte de la frontera. Jones recuerda: “No teníamos que salir a escena hasta las diez o las diez y media, o incluso más tarde, pues siempre había un grupo telonero. Aparecimos pronto y nos sentamos en la galería. Había un trio en el escenario, Rory Gallagher y Taste. Rory estaba haciendo lo suyo, saltar por el aire y tocar de modo brillante.

“Este tío nos dejó pasmados. Pensamos que era tremendo. Lo gracioso de todo era que… estos tíos estaban haciendo una música increíble de la cual eramos realmente aficionados, pero todavía la gente de la parte delantera gritaba “queremos a la “Dave Glover Showband”, simplemente porque eramos los grandes por aquel entonces. Cualquier orquesta que estuviera en escena esa semana era la grande. Simplemente nos reímos. No podíamos creerlo. Hablé con Rory después y le felicité por su forma de tocar la guitarra. Era un adelantado para ese periodo. Yo había regresado de Alemania donde había estado tocando blues y rock’n’roll con Van Morrison”.

“Yo era un verdadero fanático del blues. Encontraba difícil de creer que un tipo joven de Cork se hubiera metido tan de lleno en el blues. En el mundillo de las orquestas no veías eso, en especial cuando ibas hasta tan abajo de la frontera. Todo era country’n’western o el típico material de las orquestas. Pero escuchar a este tío en Cork – que obviamente había estado enseñando a tocar el blues y el rock’n’roll a los otros chicos del grupo – era asombroso. Su forma de tocar la guitarra era tan avanzada, era increible. Estamos hablando del mismo nivel que Jimi Hendrix. Nos dejó pasmados. Yo le dije que debería venir a Inglaterra. El pensaba que podía ser muy difícil. Y le dije: “por lo menos viaja a Belfast donde hay una escena de blues”. El “Maritime blues club”, donde Van comenzó su carrera, era lo último. Me puse en contacto con Rory cuando apareció para el primer concierto y continuamos encontrándonos más tarde. Yo estaba totalmente encantado con el muchacho porque tenía un gran don de gentes. Era un chaval muy educado”.

Belfast hizo que “Taste” se sintiesen a gusto. La ciudad estaba más en sintonía con el amor obsesivo del hombre de Cork con el blues. Era una escena más sofisticada que Dublín o Cork: Van Morrison y “Them” ya habían convertido a las audiencias al rhytm and blues y a la industria musical a agudizar el oido. Belfast, dice Gallagher, “Belfast nos tomó cariño”. “Taste” consiguieron una residencia regular en el 67 en el “Maritime Hotel”, un antiguo salón de baile de Belfast transformado en club de R&B, donde Morrison y “Them” habían sido la banda de la casa cuatro años antes de que marcharan para Londres y consiguiesen un contrato de grabación con Decca. Gallagher y Morrison compartían una tradición y sus carreras siguieron trayectorias parecidas. Morrison también comenzó su carrera en una orquesta y quería dirigir su programa hacia el R&B. Van también pasó tiempo en los salones de baile antes de seguir la pista de los clubes hasta Alemanía y sudando en conciertos de siete horas por noche. Ambos eran espíritus libres que se entregaron en cuerpo y alma a la música. Su validez fue forjada por “el directo”.

Gallagher pronto adquirió el status de un importante guitarrista de blues y emprendió una prolífica carrera discográfica en los 70. A medida que las orquestas se enfrentaban a la extinción, las bandas de rock comenzaban a tomar el poder, y Gallagher mostraba el camino. La juventud de los 70 veneraba al cruzado de pelo largo por el blues, en especial por su guitarra Fender, y sus arrolladoras actuaciones en festivales al aire libre. El rockero no sólo se hizo respetable, sino que fué aclamado como uno de los más grandes guitarristas de blues de todos los tiempos. Gallagher acarreaba una maltratada Stratocaster, un bajista, un batería y un mínimo de personal de gira por todo el circuito de festivales europeos. Messin’ With The Kid y Bullfrog Blues, del albúm “Live! In Europe” de 1972, eran himnos de la nueva generación. Millones de ventas de discos se habían apuntado desde que Gallagher hubiese solicitado un trabajo en una orquesta por primera vez. El Paso del tiempo no había cambiado sus opiniones”.

“Tengo sentimientos encontrados respecto a las orquestas. Era un comienzo. aprendí mucho y me divertí muchísimo. Pero siempre estaba inquieto por hacer mis propias cosas. Y siempre será así. “The Freshmen” era excelentes en lo que hacían. Pero, al final, de qué sirve ser una copia de una banda? Esa era la parte triste. Para ser justo, encontraría excelentes músicos en algunas de las orquestas. Pero se echaron a perder en realidad porque sólo tenían que tocar versiones y copias. Billy Brown fué uno de los mejores músicos. Se podría decir que las orquestas, por lo menos, trajeron algo de música diferente a las salas de baile y dieron a gente joven la oportunidad de tocar. Ese es el lado positivo de la historia”.

Gallagher (que está soltero y vive en Chelsea, Londres, donde lleva sus operaciones con su hermano más joven y mánager, Donal) permanece fiel a su profundamente asentada filosofía. Vive según el duro modelo de los bluesmen que hacían lo que mejor hacían, y continuaron haciendolo… Muddy Waters, B.B King, John Lee Hooker y Albert King. Su último lanzamiento “Fresh Evidence”, uno de sus mejores álbumes de blues, confirma esa dedicación a la gran tradición. La forma de tocar la guitarra continúa siendo tan potente como nunca. La crítica elogió al álbum todavía como una sólida y seria colección de boogie de alta calidad que sustentaba su carrera a lo largo de los años. La brújula, dice Gallagher, ha vuelto otra vez para el blues.
Gallagher, con cuarenta y cuatro años, el infatigable viajero del rock’n’roll, planea continuar… sólo, como sus héroes del blues. Y no sera subyugado por los valores comerciales en una época de pirotécnia en la escena y carátulas de vídeos… justo como cuando rehusó ser enjaulado por las orquestas. El Genio, después de todo, es ilimitado.