Hace unos tres años y medio (el 14 de junio de 1995) William Rory Gallagher -nada que ver con los hermanitos cejijuntos- moría en un hospital londinense tras un transplante de hígado. Tenía 47 años y estaba lejos de sus mejores tiempos musicales, pero quienes conocían su música y se acordaban de él, nunca olvidarán que fue la primera estrella de rock´n´roll irlandés
…A finales de 1970, Taste tenían dos discos -Taste (69) y On the boards (70)- y numerosas giras por Europa y América. Pero las presiones y los problemas personales entre los miembros del grupo (cuentan que Rory se encerraba en sí mismo cuando no estaba en escena) les llevaron a la disolución, tras lo cual Rory se dedicó unos meses a tocar como guitarrísta acústico en solitario, influenciado por gente como Leadbelly y Davy Graham. Pero la pasión por su Stratocaster le impulsó de nuevo al formato eléctrico con banda (bajo, batería y teclados) y lanzó su carrera en solitario con un sonido totalmente personal, un poderoso estilo que recogía por igual el blues clásico de Robert Johnson y todo el Mississippi y el rythm´n´blues de gente como los Yardbirds, Cream, Zeppelin o incluso los Who. Así, desde “Rory Gallagher” (71), cada nuevo disco era la excusa perfecta para iniciar otra gira a cuál más abrasadora, ya que sin duda, lo mejor de Rory eran sus directos (no hay más que escuchar Live in Europe o Irish Tour para darse cuenta)

Pero como a tantos otros, el éxito le llegó a Rory tan joven que empezó a perder el control de su vida y su carrera, en declive artístico y comercial salvo trabajos puntuales como Photo Finish (78) y Fresh Evidence (90). En lucha desde entonces con su mánager, Eddie Kennedy, por los derechos de su catálogo (que no recuperó hasta hace 10 años), Rory empezó a acusar problemas de fatiga y ansiedad y a darle a la bebida; musicalmente, fue perdiendo espontaneidad, convirtiéndose en un perfeccionista y encerrándose largos periodos en el estudio, y su música se volvió más oscura.

Pero para siempre el blues irlandés se asociará a su nombre. Él consiguió lo que Gary Moore soñará toda su vida y nunca conseguirá: superar a Eric Clapton en el 72 como mejor guitarrísta en las preferencias del público británico; tocar en sesiones con Muddy Waters o Jerry Lee Lewis y que los Rolling Stones le ofreciesen unirse a ellos tras abandonar Mick Taylor. Resulta imposible resistirse a descubrirle.