“Blues, whisky y sangre irlandesa. Alcoholizó el blues para posteriormente incendiarlo e inmolar su Stratocaster sobre las llamas de un sonido crujiente y salvaje. La leyenda del viejo irlandés sobrevive intacta.

Rory Gallagher dotó a su guitarra de un lenguaje propio, comprimiendo en cada nota un sinfín de sensaciones. Era una guitarra vieja y maltratada que gemía y aullaba tras haberse inflamado con canciones de Lonnie Donegan, Guy Mitchell, Eddie Cochran, Bo Carter, Son House y Chuck Berry. De igual forma, cuando el guitarrísta cantaba, brotaba un torrente de alma negra, áspero, caluroso, una voz rasgada de tribal dialecto que comunicaba directamente con el blues rural más primigenio. Sus actuaciones en directo eran tormentas interactivas en las que rock y blues explosionaban como metralla emocional. Y aunque sea cierto que la carrera de Gallagher permaneció siempre a la sombra de sus más insignes colegas de instrumento y generación, justo es reconocer que eran bien pocos los que podían hacer frente a la brutalidad instintiva del irlandés. Demasiado carisma, demasiada energía desparramada sobre un escenario. Rory fue una persona entregada en cuerpo y alma a una necesidad vital de expresión. Es por ello que nunca cedió ante las presiones de la industria discográfica, se mantuvo siempre al margen de toda moda o tendencia imperante, y sus discos nos llegan como honestos excesos de artificio rockero.

Nacido en Ballyshannon, Donegal County, Irlanda, el 2 de Marzo de 1948, cuentan que a los nueve años comenzaba a rasgar sus primeras seis cuerdas y que a los diez dominaba con gusto canciones de Muddy Waers, Robert Johnson y Albert King. Curtido ya en fiestas y actuaciones amateur, su primera experiencia profesional le llegó hacia 1964, cuando forma parte de la Fontana Show Band y realiza varias giras por Europa con ellos. La banda disfrutó de relativo éxito, sobre todo en Irlanda, y con ella Rory pudo infliltrarse en Inglaterra. Tras cambiar el nombre a The Impact, el grupo desaparece allá por 1965. Acto seguido el guitarrísta da vida al embrión original de Taste, con el que funciona a lo largo de 1966/68. Provenientes de un anónimo combo bautizado The Axels, el bajista Eric Kitteringham y el batería Norman Damery fueron el respaldo serio para la sudorosa guitarra de Gallagher, pero no llegaron a grabar nada. Taste se consolidaría con la llegada de Richard McKracken y John Wilson, bajo y batería respectivamente. Sin llegar a ser grandes instrumentistas al modo de Baker/Bruce o Redding/Mitchell, estos nuevos fichajes representan la medida perfecta para que Taste articulen una fórmula de power trio generosa en intensidad. Un grupo capaz de competir con lo más inspirado de la época.
De hercúlea musculatura y troglodítica inducción, la música de Taste abrazaba ferozmente el concepto blues-rock. Sobre todo en directo, el joven y epiléptico guitarrísta desplegaba su pirotecnia eléctrica en desmedidas improvisaciones que seguían de cerca la alucinada percepción de libertad instrumental impuesta por Cream y sus aventajados discípulos The Jimi Hendrix Experience. Taste grabaron dos discos de estudio: “Taste” (1969) y el imprescindible “On The Boards” (1970) son dos trabajos brillantes, acomodados sobre unas bases creativas lo suficientemente personales. Las creaciones de Gallagher transmiten sabiduría bruta, toneladas de feeling, una instrumentación poderosa. Es obvio que se respiraba carácter. A título póstumo aparecen los directos “Live Taste” (1971) y “Live at the Isle of Wight” (1972), grabaciones que atrapan el organismo salvaje y agresivo del triunvirato. Toda una delicia para el espíritu.
Pero cuando el grupo gozaba de más popularidad y la guitarra de Rory era motivo de análisis críticos, McKracken y Wilson deciden poner punto y final a la aventura. Rory no lo piensa dos veces, busca el apoyo de nuevos músicos y el beneplácito de su discográfica (Polydor, para más señas), y decide montárselo por su cuenta como solista. A partir de entonces firmará con su nombre.
Su debut homónimo, fechado en 1971, tendrá como elementos clave, por una parte la argumentación de un estilo ya maduro -que no variará demasiado en el futuro-, y por otra, la colaboración de un bajista (Gerry McAvoy) que se mantendrá fiel a su genial compañero hasta el final. Para la batería se agencia a un oscuro tipo de dinámica y suculenta pegada, Wilgar Campbell. Sin lugar a dudas el mejor de todos los baterías que tuvo. La grabación sorprende por su exquisitez, su elocuente fundamento, su variedad: blues y rock, por supuesto, pero tambien pinceladas de jazz, aromas country, guitarras acústicas, armónicas, temas desde entonces distintivos como “Sinner Boy” o “Laundromat”, y la colaboración al piano en dos de las canciones del Atomic Rooster, Vincent Crane.

Rory seguía sus impulsos, era una mente inquieta, poseía una envidiable creatividad y no desechaba ninguna ocasión para ampliar su expresión. Grababa sus discos sin pretensiones, en plazos de tiempo que hoy día resultan ridículos. Así, ese mismo año 1971 sale al mercado su segunda grabación en solitario, “Deuce”, que conserva la frescura de su antecesora y se asienta sobre los mismos postulados: sencillez y emoción. La producción corre nuevamente a cargo del propio Rory, por lo que no hay manierismo alguno y las canciones fluyen directas y esenciales, ignorantes de cualquier intromisión ornamental.

Para reflejar la inmejorable compenetración que rezuma el terceto se edita “Live in Europe” (1972), soberbia colección de temas que ofrece la oportunidad de comprobar hasta qué punto la corpulencia desatada en Taste gana en registros y depuración. Ya no son tres tipos tocando blues envenenado con el volumen a tope, ahora las cosas se plantean y ejecutan con más ¿delicadeza? La base rítmica es literalmente aplastante: las baquetas de Wilgar se disparan como el relámpago, construyendo junto a las cuatro cuerdas de McAvoy un energético soporte donde voz y guitarra puedan culminar su intensidad. Versiones atómicas de “Laundromat”, “In Your Town”, el clásico de Junior Wells “Messin´with the kid”, blues reptante y monocromático, folk tradicional irlandés aliado con rock´n´roll, country and western… todo fusionado en un estimulante trabajo en vivo que quedará como uno de los mejores discos de Gallagher.

Ese mismo año 1972 queda vacante el puesto de batería y lo ocupa Rod de Ath, un hombre que para muchos -no para mí- supera en contundencia la glamurosidad de Wilgar Campbell. Y añaden como elemento fijo al teclista Lou Martin, que como el batería viene de los magníficos Killing Floor. Con esta formación se edita “Blueprint” (1973) y “Tattoo” , obras robustas, cinceladas con destreza y buen pulso. En 1974 verá la luz un corrosivo, trepanador doble elepé en vivo que supone el final de la época Polydor: “Irish Tour 74”. Pura víscera.

Con un nuevo contrato que le liga a Chrysalis publica en 1975 “Against the Grain”. El repertorio incluye radiantes lecturas de Bo Carter, Leadbelly e Isaac Hayes, también un acercamiento más palpable hacia el heavy-rock, lo que implanta un mayor campo de acción a esos riffs distorsionados. Por sugerencia de la discográfica, Rory cede las labores de producción en “Calling Card” (1976) a Roger Glover, bajista de Deep Purple y reputado hombre de estudio. El disco se graba en los estudios Musicland de Munich y representa su creación menos apelmazada y rugiente. Esta domesticación orienta el sonido hacia cauces más suaves y refinados. Los punteos de guitarra suenan más incrustados en el contexto, tratados con mayor armonía; el piano adquiere protagonismo, e incluso la voz se sosiega, no resulta tan hiriente ni rasposa. Se revelan nuevas aproximaciones jazzísticas, sobre todo en el tema que titula el elepé. Los ambientes son más relajados, se perfilan con mayor precaución los matices, resultando un álbum distinto, menos etílico, de un pronunciado intimismo.

La experiencia no debió resultar muy positiva, pues Rory retorna a la fórmula original: prescinde del piano y ficha a alguien que recupere la adrenalina de Campbell. El contratado es Ted McKenna, ex Alex Harvey Band. El concepto de power trío recobra protagonismo y los próximos tres discos serán demoledoras embestidas hard-rock. “Photo-Finish” (1978) es un tremendo estallido de fuerza, boogie anfetamínico ereccionado sobre un sonido heavy que impacta por su pureza y emoción. Este fornido álbum tiene como descendencia “Top Priority” (1979), el último disco genial del furibundo irlandés, una pegajosa, electrocutante llamarada rock que incinera el alma. Como broche final, “Stage Struck” (1980), un directo documentando la descomunal potencia del trío…

…El alcohol, compañero inseparable, terminó por llevárselo en 1995. Desde entonces nadie ha llenado el hueco de ese tipo que rehusó unirse a los Rolling Stones, que mantuvo siempre una fe inquebrantable en su música. Su legado fue recientemente desempolvado en unas nuevas ediciones remasterizadas y con temas adicionales, editándose incluso unas rotundas sesiones para la BBC fechadas en 1978.

Valgan estas líneas como tardío homenaje a un músico que nunca se rindió. A tu salud, compañero.”